“Así se roban las elecciones en Colombia” : Gustavo Bolívar

En Colombia, desde hace siglos, los corruptos se eligen con todo tipo de trampas y artimañas. Trataré de demostrarlo en esta investigación que empecé en 1.998 y aún no termino.

Comprando votos, pagando registradores, financiando campañas con dineros del narcotráfico o de contratistas corruptos, adulterando las actas electorales, adulterando resultados electrónicamente, amenazando electores, sobrepasando los topes de financiación, acomodando encuestas, obligando a funcionarios públicos a votar so pena de perder el puesto o, asesinando a candidatos que no representan a la clase política corrupta, las mafias del poder se las arreglan siempre para salir avantes en los distintos procesos electorales que los perpetúan en el poder. En dos entregas y retratando varias formas de fraude electoral, trataré de explicar por qué en Colombia no existe democracia.

CASO 1. PARTICULARÍSIMAMENTE

Transcurría el año de 1999, me encontraba adelantando una extensa investigación para escribir el libro Así se roban las elecciones en Colombia, que a la postre publiqué en 2002, cuando hallé en un estante del Archivo Nacional, una carta mohoseada y amarillenta, escrita por un campesino de Viotá, al General Rafael Uribe Uribe. En letra pegada y carente de ortografía el hombre le advertía al líder liberal que el alcalde de su pueblo, del Partido Conservador, estaba favoreciendo con los certificados electorales a sus copartidarios. (En esa época, 1896, solo podían sufragar las personas del género masculino, que supieran leer y escribir y los que, en su defecto, poseyeran un capital mínimo de $100.000). Relata el campesino que como la mayoría de las personas no tenía un capital tan considerable, tuvieron que demostrar sus conocimientos de lectura a un delegado de la alcaldía que ordenó hacer dos filas. Una de conservadores y una de liberales. A los conservadores los puso a leer palabras cortas como casa, sol, luna, mamá y papá y a los liberales palabras de difícil lectura y pronunciación como “particularísimamente” que fue la palabra que al remitente de la carta le tocó leer. Como no la leyó rápida y fluidamente le fue negado el certificado electoral. Ganó el Partido Conservador y, por trampas electorales como esta, que impedían su acceso al poder, los liberales se fueron a la guerra. Una guerra que duró 1.000 días.

CASO 2: EL VOTO INVISIBLE

Por la misma época, dos lustros antes, Rafael Núñez fue elegido para su segundo período con cinco votos contra cuatro. Lo raro es que en la época solo existían ocho departamentos en Colombia y cada delegado solo podía votar una vez.

CASO 3: EL CHOCORAZO

El 19 de abril de 1970 sobre las nueve de la noche la Anapo, con su candidato Gustavo Rojas Pinilla, abuelo de Iván y Samuel Moreno, encabezaba los escrutinios durante las elecciones presidenciales frente al candidato conservador Misael Pastrana Borrero, padre de Andrés Pastrana Arango. De repente se fue la luz, la gente se inquietó, el presidente Carlos Lleras Restrepo, abuelo de Germán Vargas Lleras, decretó el toque de queda y, al día siguiente, Misael Pastrana, padre de Andrés Pastrana, fue proclamado Presidente de la República. Los movimientos que en esa entonces luchaban contra el Frente Nacional que montaron arbitrariamente los partidos Liberal y Conservador consideraron que no había garantías para acceder al poder por las vías democráticas y, algunos se alzaron en armas creando el grupo Movimiento 19 de abril, M-19.
Otro caso de chocorazo lo retrata en un libro la exmagistrada Adelina Covo. Dice que para las presidenciales de 1904, las actas de votación de La Guajira fueron manipuladas por el general Juanito Iguarán, quien las hizo firmar en blanco y las llenó con posterioridad y a su antojo a favor del general Rafael Reyes, quien a la postre resultó presidente. Las órdenes del traslado en blanco de las actas las impartió desde Bogotá, don Miguel Antonio Caro, presidente conservador.

CASO 4: MATAR AL QUE VA GANANDO.

En Colombia han asesinado a seis candidatos presidenciales, cifra sin precedentes en ningún país del mundo. Lo curioso es que los seis representaban un peligro para el régimen de turno.

El 9 de abril de 1948 cuando adelantaba una arrasadora campaña para la Presidencia de la República por el Partido Liberal, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, candidato que se perfilaba como el ganador de las elecciones. Nunca se supo quién contrató a Roa para asesinarlo pero se intuye que se trató de fuerzas de poder aterradas con la llegada a la Presidencia de un hijo del pueblo. Roa fue linchado por las masas enardecidas.

El 18 de agosto de 1989 fue asesinado Luis Carlos Galán. Se sabe ya que los autores intelectuales fueron políticos como Alberto Santofimio y narcotraficantes como Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Galán acababa de regresar al Partido Liberal luego de nueve años de disidencia. Y lo hizo sobre la base de escoger el candidato liberal, ya no en amañadas y manipuladas convenciones,  sino, a través del mecanismo de la consulta popular. Además de Galán, eran precandidatos al momento de su asesinato, Hernando Durán Dusán, Alberto Santofimio, Ernesto Samper y  Eduardo Mestre. Los generales Peláez Carmona director de la Dijín y Maza Márquez, director del DAS, arrestaron e inculparon por el magnicidio a Alberto Jubiz Hasbún quien permaneció cinco años preso hasta que pudo demostrar que la noche de los hechos estaba en un curso de cultivos hidropónicos.
El 11 de octubre de 1987 fue asesinado el candidato presidencial por la UP Jaime Pardo Leal y contrario a lo que se esperaba, este crimen no puso fin al genocidio de militantes de ese partido de izquierda sino todo lo contrario. Al crimen de Jaime Pardo le siguieron el de otros miles de copartidarios entre concejales, alcaldes y congresistas. No hay cifras oficiales exactas pero es un hecho que cayeron bajo las balas asesinas de paramilitares coaccionados por sectores de la política, entre 4.000 y 6.000 miembros de la UP.

El 22 de marzo de 1990, frente a su numerosa escolta en una sala de espera del aeropuerto Eldorado, las mismas fuerzas oscuras del narcoparamilitarismo asesinaron a Bernardo Jaramillo, otro candidato presidencial de la UP. A Jaramillo le disparó un niño de 15 años, Andrés Arturo Gutiérrez Maya, quien semanas después fue asesinado con su padre mientras gozaba de un permiso extramuros. Entusiasmaba el líder de izquierda con su campaña “Venga esa mano País”. Un mensaje de reconciliación que amenazaba a la clase política con una sorpresa en las urnas.

El 26 de abril de 1990, Gerardo Uribe Gutiérrez, otro niño de 15 años, pagado y entrenado por el Clan Castaño,  asesinó dentro de un avión en pleno vuelo, al líder del recién desmovilizado M-19, Carlos Pizarro. Apenas cometió el crimen, el niño sicario levantó las manos para entregarse pero los agentes del DAS, Alberto Romero y Jaime Ernesto Gómez Muñoz lo acribillaron aunque nadie sabe de dónde sacaron las armas que estaban prohibidas en pleno vuelo. Pizarro aparecía en las encuestas con un alto índice de popularidad.

El 2 de noviembre de 1995, fue asesinado el líder conservador Álvaro Gómez Hurtadoquien se encontraba ejerciendo una cruda oposición al Gobierno de Ernesto Samper por el ingreso de millones de dólares a su campaña presidencial, provenientes del Cartel de Cali. Por el crimen de Gómez fue condenado Héctor Paúl Flórez Martínez, quien, como lo indican varias pruebas, se encontraba en el entierro de una vieja matrona, Purificación de Tobar, en Sincelejo (Sucre). Esa ciudad está a mil kilómetros de distancia del lugar del crimen. Carlos Alberto Lugo Álvarez,  el testigo que inculpó a Flórez dijo después que había declarado bajo amenazas de coronel Germán Osorio, exedecán de Ernesto Samper.

CASO 5: FINANCIACIÓN ILÍCITA. 

Se sabe que muchas campañas en el país han sido pagadas con dineros de narcotraficantes, paramilitares y contratistas corruptos. Sin embargo, el caso más sonado es el del ingreso de millones de dólares a la campaña Samper Presidente. El caso que fue denunciado a través de casetes de audio por el candidato Andrés Pastrana y luego corroborado por Santiago Medina, tesorero de la campaña y por Fernando Botero Zea, jefe de debate de la misma, fue fallado a favor del presidente Samper por parte de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. La Comisión Ciudadana de Seguimiento descubrió que los representantes que votaron a favor de la preclusión del proceso 8.000 fueron “curiosamente” beneficiados con cupos millonarios en el “Fondo de cofinanciación” que entregaba a los congresistas la potestad de postular proyectos. Una especie de auxilios parlamentarios disfrazados. Para citar un solo caso, en 1995 el departamento de Córdoba de donde es oriundo el investigador del presidente Samper, Heyne Mogollón,  recibió 1.017 millones de la época mientras que en 1996, fecha del juicio contra Samper el departamento recibió 2.380 millones, es decir, un incremento del 120%. Caso parecido al del representante Lázaro Calderón, miembro de la Comisión de Acusaciones, cuyo departamento, el Cesar,  obtuvo de los fondos 1.194 millones en 1995 y 3.362 millones en 1996, para un incremento del 218%.

Recientemente se empieza a descubrir la financiación de la empresa Saludcoop a varias campañas al Congreso y a la Presidencia y toda la vida han sido famosos los aportes de todos los grandes grupos económicos a las campañas presidenciales.

En Colombia la democracia es una farsa. Trasteo de votantes, compra de votos, carrusel de tarjetones, homogenización del jurado, adulteración de actas electorales, muertos que votan, utilización de las cédulas de los abstencionistas, transcripción electrónica fraudulenta de las actas,  modificación de resultados mediante acceso al sistema de la Registraduría, encuestas amañadas, proselitismo armado y promesas incumplibles hacen parte del menú con el que queda demostrando que en Colombia no existe democracia. Por eso resulta difícil que a corporaciones públicas, alcaldías gobernaciones y a la misma Presidencia de la República lleguen personas honestas. Sigamos viendo.

CASO 6: FRAUDE EN ACTAS E-14 Y E-24. 

El 8 de marzo de 1998, a las cuatro de la tarde, cuando se cerraron las urnas, Juan Manuel dejó de ser el muchacho que, con matrícula en mano, pedía limosna en las colas del estadio El Campín para poder estudiar. Se acababa de convertir en uno de los 268 congresistas elegidos popularmente en todo el país. 17.568 personas, en su mayoría habitantes de Ciudad Bolívar, le entregaron su voto de confianza para que los representara en el Congreso de la República. Luego de leer el último boletín de la Registraduría en el que se escrutó el 99,66% de las 9.696 mesas, Juan Manuel Hernández, un joven de esa localidad deprimida de la Capital, que estudió arquitectura en la universidad la Gran Colombia, con su propio esfuerzo, celebró hasta altas horas de la noche su elección como representante a la Cámara por Bogotá, junto a adeptos y familiares. Había alcanzado la última de las 18 curules de esa circunscripción electoral. Ni él mismo lo podía creer, su sueño lejano de llegar a ser algún día, Congresista de la República se había cumplido.
Pero ese sueño duró apenas unas horas. Mientras celebraba su sorprendente triunfo electoral, en la Registraduría de Usaquén, las manos criminales, que sobran en este país, estaban acomodando las votaciones para que Antonio José Pinillos, ubicado esa noche en el puesto 19 de las votaciones, pasara a ocupar la curul 18 de Hernández. Y lo lograron. Al día siguiente cuando abrió las páginas de un periódico para ver su nombre en la lista de elegidos, Juan Manuel se quedó atónito con una noticia según la cual, ya no era Congresista de la República. En la casilla donde mostraban los nombres de los 18 representantes por Bogotá no estaba el suyo. En cambio, aparecía el de Antonio José Pinillos Número 132 en el tarjetón.

¿Qué pasó?

Miembros corruptos de la Registraduría de Usaquén o de las comisiones escrutadoras, le vendieron a Pinillos los votos que le faltaron para salir elegido. El fraude se cometió en la trascripción electrónica de 15 de las 118 mesas de votación del puesto 12 de Usaquén, ubicado en el Centro Comercial Unicentro.

¿Cómo se hizo el fraude? Las actas E-14, que llenan y firman los jurados de votación con base en los votos que obtengan los candidatos, fueron adulteradas durante su transcripción electrónica. De este modo, en la mesa 75 el candidato Pinillos aparece con “0” votos pero en el acta “E-24” aparece con 20. En la mesa 77 Pinillos tiene 1 voto y en el E-24 aparece con 9. En la mesa 82 no obtuvo votos pero en el acta E-24 aparece con 16. En la mesa 84 obtuvo cero votos y en el E-24 aparece con  18. Ver pruebas en las siguientes fotografías:

A Enrique Parejo González, A Parmenio Cuéllar, a María Paulina Espinosa, a Pablo Victoria y a otros candidatos, opositores al proceso 8.000, también los sacaron de la lista de elegidos durante la misma noche. A Parejo le sucedió igual que a Juan Manuel Hernández. El día de la elección apareció entre los 100 senadores elegidos y a la mañana siguiente resultó en el puesto 101. No se puede decir que inexplicablemente porque la corrupción electoral en Colombia lo explica todo. También lo explican cientos de actas electorales burdamente adulteradas, como estas que encontré durante la investigación:

En solo 7 mesas electorales al Candidato Enrique Caballero Aduen, años después condenado por la parapolítica, le metieron 700 votos con solo anteponer un número “1” a sus votos obtenidos en las mesas del municipio de Pueblo Viejo Magdalena.

Esto no sucedió solamente con este candidato ni exclusivamente en 1998. Sigue sucediendo. En las últimas elecciones para Congreso de la República, celebradas en 2010 hubo tantas o más irregularidades. A la actual senadora Astrid Sánchez Montes de Oca, del Partido de la U, hermana del exgobernador de Chocó Patrocinio Montes de Oca, condenado por peculado, y del exrepresentante a la Cámara Odín Sánchez Montes de Oca, condenado por parapolítica, le agregaron 4.000 votos correspondientes al mismo número de tarjetas no marcadas en el Departamento de Chocó. Y aunque el Concejo Nacional Electoral le anuló esos 4.000 votos, la honorable congresista heredó la curul que perdió el senador Merlano por tráfico de influencias. La posesionaron como madre de la patria sin sonrojarse.

¿Cómo se cometió el Fraude en favor de la señora Montes de Oca? En los municipios de Sipí, Ríosucio, Medio Baudó, Unguía, Nuquí, Acandí, Medio San Juan, Carmen del Darién, Bahía Solano, Litoral de San Juan, Juradó, Medio Atrato, Bojayá, Río Quito y Alto Baudó, en Chocó, desaparecieron cerca de 4.000 tarjetones no marcados. Curiosamente la misma cifra que le fue agregada a la Honorable Congresista. ¿Pero por qué esta señora no está en la cárcel sino haciendo las leyes de un país? Sencillo: porque las leyes electorales son hechas por corruptos para favorecerse entre sí, bajo premisas inmorales como el yo te ayudo tú me ayudas, yo te protejo tú me proteges, yo te tapo tú me tapas.Y nosotros callados.

Por ello es imposible hacer justicia frente a un fraude. Primero por los tiempos. Para descubrir el Fraude de 1998 tardé 4 años leyendo y comparando 66.000 actas electorales. Pero la ley electoral solo otorga 72 horas para impugnar resultados mediante reclamación escrita durante los escrutinios. Segundo, porque la justicia no actúa. Tan pronto como conocí las irregularidades de la curul 18 me fui a la Fiscalía e instauré demanda penal por fraude electoral contra el Congresista Pinillos. Tardé varios años averiguando qué había pasado con el proceso hasta que el representante cumplió su período de cuatro años como congresista. Nunca sucedió nada. El país los premia con jugosas pensiones. Y nosotros callados.

Como escribió el propio Enrique Parejo González en el prólogo del libro que escribí en 2002 y que lleva el mismo título de esta columna: “En Colombia, se respira un aire de inmoralidad política hace mucho tiempo. La honradez se ha convertido en una excepción, debiendo ser la regla. Por esa razón, quienes respiran ese aire contaminado se habitúan tanto en él, que terminan por no sentir ninguna molestia al respirarlo”. “En Colombia la clase política ha hecho del fraude electoral uno de los instrumentos más idóneos para hacerse a las palancas del poder y mantenerse en él. Desde allí, corrompe todo lo demás”.

En la tercera y última entrega de este informe les contaré sobre otras aberraciones que le dejarán claro la urgencia de arremeter, con toda la dignidad que le quepa en el pecho contra este puñado de delincuentes que se aprovechan de nuestra indiferencia, de nuestro miedo y de nuestra pereza para saquear el dinero de nuestra educación, nuestras obras públicas, nuestra salud.

Los dejo con esta última acta, de San Juan de Palos Prieto, puesto 40, mesa 1, en la que se muestra cómo al candidato Luis Ignacio Vives Lacouture le ponen 30 votos de más, agregándole un 1 a los 3 que había sacado en esa mesa. Casi los mismos votos que equivalen a las 30 tarjetas no marcadas, número que fue burdamente tachado con un “1”. Esto para que sepan porqué las mayorías del Congreso no han querido modernizar un sistema electoral arcaico, corrupto e imperfecto.

En solo 7 mesas electorales al Candidato Enrique Caballero Aduen, años después condenado por la parapolítica, le metieron 700 votos con solo anteponer un número “1” a sus votos obtenidos en las mesas del municipio de Pueblo Viejo Magdalena. 

Esto no sucedió solamente con este candidato ni exclusivamente en 1998. Sigue sucediendo. En las últimas elecciones para Congreso de la República, celebradas en 2010 hubo tantas o más irregularidades. A la actual senadora Astrid Sánchez Montes de Oca, del Partido de la U, hermana del exgobernador de Chocó Patrocinio Montes de Oca, condenado por peculado, y del exrepresentante a la Cámara Odín Sánchez Montes de Oca, condenado por parapolítica, le agregaron 4.000 votos correspondientes al mismo número de tarjetas no marcadas en el Departamento de Chocó. Y aunque el Concejo Nacional Electoral le anuló esos 4.000 votos, la honorable congresista heredó la curul que perdió el senador Merlano por tráfico de influencias. La posesionaron como madre de la patria sin sonrojarse.

¿Cómo se cometió el Fraude en favor de la señora Montes de Oca? En los municipios de Sipí, Ríosucio, Medio Baudó, Unguía, Nuquí, Acandí, Medio San Juan, Carmen del Darién, Bahía Solano, Litoral de San Juan, Juradó, Medio Atrato, Bojayá, Río Quito y Alto Baudó, en Chocó, desaparecieron cerca de 4.000 tarjetones no marcados. Curiosamente la misma cifra que le fue agregada a la Honorable Congresista. ¿Pero por qué esta señora no está en la cárcel sino haciendo las leyes de un país? Sencillo: porque las leyes electorales son hechas por corruptos para favorecerse entre sí, bajo premisas inmorales como el yo te ayudo tú me ayudas, yo te protejo tú me proteges, yo te tapo tú me tapas.Y nosotros callados.

Por ello es imposible hacer justicia frente a un fraude. Primero por los tiempos. Para descubrir el Fraude de 1998 tardé 4 años leyendo y comparando 66.000 actas electorales. Pero la ley electoral solo otorga 72 horas para impugnar resultados mediante reclamación escrita durante los escrutinios. Segundo, porque la justicia no actúa. Tan pronto como conocí las irregularidades de la curul 18 me fui a la Fiscalía e instauré demanda penal por fraude electoral contra el Congresista Pinillos. Tardé varios años averiguando qué había pasado con el proceso hasta que el representante cumplió su período de cuatro años como congresista. Nunca sucedió nada. El país los premia con jugosas pensiones. Y nosotros callados.

Como escribió el propio Enrique Parejo González en el prólogo del libro que escribí en 2002 y que lleva el mismo título de esta columna: “En Colombia, se respira un aire de inmoralidad política hace mucho tiempo. La honradez se ha convertido en una excepción, debiendo ser la regla. Por esa razón, quienes respiran ese aire contaminado se habitúan tanto en él, que terminan por no sentir ninguna molestia al respirarlo”. “En Colombia la clase política ha hecho del fraude electoral uno de los instrumentos más idóneos para hacerse a las palancas del poder y mantenerse en él. Desde allí, corrompe todo lo demás”.

En la tercera y última entrega de este informe les contaré sobre otras aberraciones que le dejarán claro la urgencia de arremeter, con toda la dignidad que le quepa en el pecho contra este puñado de delincuentes que se aprovechan de nuestra indiferencia, de nuestro miedo y de nuestra pereza para saquear el dinero de nuestra educación, nuestras obras públicas, nuestra salud.

Los dejo con esta última acta, de San Juan de Palos Prieto, puesto 40, mesa 1, en la que se muestra cómo al candidato Luis Ignacio Vives Lacouture le ponen 30 votos de más, agregándole un 1 a los 3 que había sacado en esa mesa. Casi los mismos votos que equivalen a las 30 tarjetas no marcadas, número que fue burdamente tachado con un “1”. Esto para que sepan porqué las mayorías del Congreso no han querido modernizar un sistema electoral arcaico, corrupto e imperfecto.

Para resaltar y si fuera posible hacer un monumento en nuestro recuerdo, al quijote que en plena época de coacción armada, en una zona donde la compra del voto es la regla, se atrevió a depositar ese solitario voto en blanco que aparece en esta acta. Para ese ser de tremenda estatura moral, para esa persona que conoce la dignidad. Para ese elector ejemplar, consciente, insobornable y libre, todo mi respeto, admiración y aplausos eternos. Nunca sabremos quién es pero su ejemplo vivirá en los corazones de quienes

lean esto.

Ahora les enseño dos pruebas de Fraude con una distancia de 129 años, solo para significar que toda la vida hemos estado en manos de pillos. Esta de 1884:

El autor de esta publicación de septiembre 13 de 1884 advierte sobre unas anomalías. Dice por ejemplo que no aparecen votos liberales en los registros de las mesas 1 y 2 cuando muchos miembros de ese partido, entre ellos Salvador Camacho Roldán sufragaron allí. También dice que los doctores Alejo de la Torre y Juan Felix de León, vieron meter, supuestamente a personas del gobierno, manotadas de boletas electorales en una urna. (Esta publicación reposa en los archivos de la biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá).

CASO 7. ADULTERACIÓN DE ACTAS ELECTORALES.

Y esta que encontré en el año 2001 pero que corresponde a las elecciones de 1998 y que siempre he considerado como la joya de la corona o la reina de las pruebas dentro de la investigación de Fraude Electoral.

Estas dos actas, pertenecen a las mesas 1 y 2 del puesto 86 de Chimichagua Cesar. No obstante encuentro con asombro que ambas tienen los mismos votos en los mismos candidatos es decir actas clonadas.
Las dos actas totalizan 249 votos cada una. En ambas las tarjetas no marcadas son 11, en ambas hay de a un voto nulo y en ambas hay cero votos en blanco y en ambas don Pepe Gnecco Cerchar tiene la bobadita de 124 votos. Nótese que dos de las tres firmas del jurado no coinciden.
La probabilidad matemática de que existan dos actas iguales entre 718 candidatos, que hubo para el Senado en esa ocasión y que pueden obtener cada uno entre 0 y 300 votos, es de una en un trillón. Como ganarse una lotería de 718 cifras y que cada cifra salga de un sorteo de 1 a 300. Pero estamos en el país de las maravillas y el municipio afectado no es muy lejos de Aracataca (Macondo).

26 FORMAS DE HACER FRAUDE: En el prólogo de su libro Fraude electoral: lo que la tinta no corrige Alfonso Portela Herrán dice: “Con una legislación electoral como la actual, es muy difícil realizar unas elecciones limpias en Colombia”. Si lo expresa un alto funcionario de la Registraduría, con más de 20 años de servicio en el área electoral, hay que prestarle atención. Además porque retrata 26 formas que desde su despacho ha detectado para hacer fraude. Desde la expedición fraudulenta de la cédula hasta el escrutinio amañado, pasando por el trasteo y la compra de votos, la compra de jurados, el uso de cédulas no reclamadas, el uso de las cédulas de abstencionistas y el soborno a quienes transcriben electrónicamente los datos. Loable tarea que no obstante se estrella contra un muro infranqueable llamado ley electoral, que fue diseñada por hampones para favorecer sus intereses.

En resumen, y con el pesar de no poder, por espacio, exhibir más pruebas del fraude electoral en Colombia, queda claro que no gozamos de una democracia real. Queda claro que estamos en manos de bandidos regionales y nacionales que han hecho de las elecciones un magnífico negocio. De otra manera no se explica cómo un candidato pueda gastar 10.000 o 20.000 millones para ganar un puesto cuyos salarios en cuatro años no suman ni el 10% de esa cifra. Lo toman como una inversión. Saben que ganando tienen a su merced el presupuesto de un municipio, un departamento o un país entero.
Primero te anulan en los medios que, en su mayoría pertenecen a sus amigos. A menos que seas un candidato exótico que venda periódicos o rating, tipo embolador, bruja, indígena con atuendo, etc., te morirás esperando una entrevista, una oportunidad para expresar tus ideas o tus propuestas de campaña.
Segundo, te avasallan con su poder económico sin importarles sobrepasar los topes de gastos electorales. Más vallas de las permitidas, cuñas radiales con frecuencia insoportables, camisetas, cachuchas, tamales, dinero en efectivo por los votos.

Si aún así sigues fuerte, te hacen fraude. Ya vimos la forma burda y descarada como adulteran actas y compran funcionarios corruptos para meterse los votos que necesiten con tal de ganar la curul.
Si no pueden hacerte fraude porque cuentas con muchos testigos electorales y sales elegido, se amangualan en las corporaciones públicas (concejos, asambleas y Congreso) para volverte a anular, para que fracases como alcalde o gobernador. No te aprueban proyectos a menos que untes de mermelada a concejales, diputados y congresistas, es decir, a menos que les des contratos y puestos para lubricar sus maquinarias.

Si ganaste una elección a corporación pública y no te metes en la gavilla oficialista de turno, te dejan hablando solo aunque hagas grandes debates  y no te aprueban un solo proyecto en cuatro años. Serás el peor congresista, el peor concejal, el peor diputado.

Finalmente, si a pesar de todo alcanzas a salir elegido, tienes que ceder a las presiones burocráticas y económicas de los buitres de la patria. Si no cedes, te  desprestigian y si no te desprestigian te montan pruebas para matarte políticamente como está sucediendo ahora con el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Si no pueden matarte políticamente, te matan físicamente como sucedió con Eudaldo Díaz, alcalde del Roble.

Este es el destino de alguien que no encaje en el negocio de la política. Esto es lo que muchos aún se empeñan en reconocer como una democracia. Qué lejos están de la verdad. Urge una reforma electoral pero no hecha por congresistas que se sirven de ella para sus fechorías. Podría ser a través de una iniciativa popular para lo cual habría que recoger 1,6 millones de firmas en seis meses, es decir unos 2 millones descontando las que no son válidas. Si logramos esa hazaña, que cuesta miles de millones de pesos, el Concejo Nacional Electoral convoca a un referéndum para preguntarle al pueblo si aprueban esa ley de Reforma Electoral. No es fácil que el pueblo gane porque los caciques electorales interesados en que mantengamos nuestro sistema electoral arcaico, saldrán a pagar votos por el no. otros, pondrán al millón y medio de empleados públicos a votar por el no, so pena de perder el puesto. Y si por algún milagro ganamos el referendo, el Congreso de la República el mismo al que estamos quitando la facilidad de robar votos, tiene que avalar lo que el pueblo decida en las urnas. ¿Lo harán?  Por supuesto que no. Todo porque los constituyentes de 1991 crearon unos fascinantes mecanismos de participación ciudadana que no sirven para un carajo porque siempre terminan en el Congreso. Por esto, en 22 años de vigencia de la Constitución, no se ha podido presentar una sola ley por iniciativa popular. En conclusión, estamos a merced de lo que quieran hacer nuestros legisladores, en su mayoría elegidos con fraude. Solo una asamblea constituyente podría introducir, este y otros cambios que necesita la política para convertirse en lo que siempre debió haber sido: la profesión más noble y prestigiosa de una sociedad.

Debería preocuparnos y aterrarnos que aquellos que se eligen con fraude sean los mismos que elaboran las leyes de un país, sean los mismos que eligen contralor y procurador, sean los  mismos que aprueban el ascenso a generales, los mismos que ejercen control sobre las decisiones del presidente de la República. Mientras no depuremos el sistema electoral, esas leyes, esos nombramientos, ese control al ejecutivo seguirán en manos de tramposos que deshonran las instituciones y que convirtieron la política en un negocio sucio.

Por Gustavo Bolívar

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