Faber Herazo Gónzalez, el joven sordomudo que triunfa en las corralejas

En la región del Sinú y el San Jorge hay quienes aseguran que si Faber Carlos Herazo González hubiese nacido en España sería el mejor torero del mundo, el mimado de empresarios y del público, el más taquillero, el mejor remunerado del arte de Cúchares.

Pero Faber es sordomudo y nació en el municipio La Apartada, en la región del alto San Jorge, en Córdoba, territorio influenciado por la fiesta en corraleja. Terminó estudios primarios y realizó parcialmente la secundaria; jamás ha estado en escuela taurina. Su intuición lo ha hecho asimilar lo que “observa” escuchando en los canales internacionales al servicio de la fiesta brava.

Se cree que al caerse de una mesa cuando contaba tres años de edad, perdió la facultad de audio y de articulación de sonido. Realmente no se pudo determinar si fue así o Faber nació sordomudo. Se podría pensar que su discapacidad es un obstáculo, pero en verdad le da más fortaleza, al punto que hoy es admirado en el complejo mundo de la corraleja por la forma singular como interpreta el toreo de capa, de muleta, banderillas de a pie y de a caballo; además, las suertes de acrobacia, con técnica y sentido de las distancias.

Faber es hijo de Marco Antonio Herazo y Oneida González. Desde la infancia mostró pasión por la fiesta en corraleja, pues burlaba la vigilancia de sus progenitores y se desplazaba a pie a la ganadería Bohemia, de los hermanos Vallejo Díazgranados, ubicada a pocos kilómetros de la cabecera municipal de La Apartada, en la troncal de occidente, vía a Caucasia.

Desde niño fue admirador de Pascual Cermeño y de los hermanos Beto y Paco Jaraba, ídolos en esa época del toreo de capa y muleta, respectivamente, en la corraleja de la subregión del San Jorge. En Bohemia mostraba interés por el toro bravo y capacidad de familiarización con los oficios de la vaquería y lo relacionado a las enseñanzas, y para conseguir, a la usanza criolla, el dominio sobre el descendiente de Uro.

Faber quería ser torero en trajes de luces, pero por la condición de sus padres no pudo seguir su sueño de ser maestro del toreo grande. A pesar de sus limitaciones, logró virtudes que lo destacan en el oficio del romance y la tragedia: afición, inteligencia, valor e intuición acompañada de reflejo. Cualidades, pocas veces vistas en el toreo en corraleja.

Herazo González tiene intuición congénita para practicar las banderillas: al sesgo, por dentro y por fuera, cuando los toros presentan la dificultad de aquerenciado y aplomado. También para cambiarle el viaje en la embestida a su enemigo, cuando acorta terreno. Facultades físicas acompañadas de reflejos, para salirse de la jurisdicción de la cornamenta, cuando está en peligro su integridad vital.

La suerte de banderillas a porta gayola, ejecutada al quiebro, da pie para encontrar en este humilde personaje de la corraleja la reencarnación del torero sevillano Antonio Carmona, El Gordito, que practicaba las banderillas en la misma forma que la realiza el sordomudo en la corralejas.

Herazo ha ganando muchos trofeos en las diferentes festividades de corraleja pero también ha recibido cornadas de pronóstico reservado que no han disminuido su valor.  El sordomudo como torero en la corraleja es un producto de época. Su promedio de ingresos es de cinco millones en corraleja de primera categoría, tres millones en plaza de segunda categoría y un millón quinientos mil pesos en escenario de tercera categoría.

 

Este joven, que no oye, es felicitado por sus compañeros con abrazos. Mientras, el público, lo aplaude, por su estilo único y temerario. Mediante el lenguaje de señas, Faber se puede comunicar con sus compañeros de faena, los cuales dicen que se expresa con gran pasión, por su oficio.

Cuando Faber no está toreando, se dedica a jugar fútbol aficionado con sus amigos. Y en otras ocasiones, juega a las corralejas con sus vecinos. Según su madre, Oneida González, estas actividades son también importantes, porque lo distraen y le ayudan a mantener su estado físico, invaluable para sus faenas.

Es posible que con análisis, diagnósticos y especialistas en órganos de los sentidos, recupere el audio y el habla.

Por: Hernando Páez Vega

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